Neotenia: La infancia en el adulto
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Ojos redondos, cabeza redonda, hocico corto y la ternura que desarma
La neotenia es la conservación de caracteres juveniles en
individuos adultos. Se observa en muchas especies; el ejemplo más citado es el
ajolote mexicano, que alcanza la madurez sexual sin metamorfosis, manteniendo
forma larvaria y sus branquias externas. En experimentos, una hormona puede
forzarlo a transformarse en salamandra terrestre.
Los perros también se consideran neoténicos respecto al
lobo. Tienen cabeza más redondeada, hocico más corto, ojos más redondos y
separados, cola en constante movimiento, curiosidad, juego permanentes,
gemidos y vocalizaciones variadas. En definitiva: un perro adulto (no de todas las razas pero sí de la mayor parte) tiene
caracteres de un cachorro de lobo.
Como esas diferencias las adquirieron con nosotros, no hay
duda de que son producto de presiones selectivas originadas por su nueva vida
junto a los humanos. A menudo se usa la neotenia como argumento despreciativo:
primero, por ser animal doméstico —de “menor valor”— y, segundo, porque “los
humanos los crearon así por capricho”. ¡Si Darwin levantara la cabeza! ya explicó en El Origen de las Especies que las presiones selectivas que producen
los cambios suelen ser, en principio, involuntarias por nuestra parte. Es lógico, no podemos decidir si algo nos gusta o resulta agradable antes de verlo o percibirlo.
Si las presiones selectivas no beneficiaran a quienes las experimentan, esa población no tendría mucho futuro. Cuando, mediante cruces entre pocos progenitores emparentados, se crean razas de perros con la única intención de que sean “diferentes o raros”, el resultado son animales con problemas de salud. Si volvieran al medio, la selección natural iría eliminando esos rasgos disfuncionales y serían reabsorbidos por otras razas o especies de Canis.
La neotenia canina favoreció a los perros en el salto de lo
salvaje a lo doméstico. Que nos enterneciera su aspecto les facilitó acceso a
recursos controlados por nuestra especie; mejor alimentación supuso más crías y
mayor crecimiento poblacional, todo lo que se considera exitoso evolutivamente
hablando. Además, sirvió a ambas especies para estrechar lazos. Pero cometemos
el error de creer que aspecto infantil = falta de madurez e inteligencia.
Los humanos adultos también somos neoténicos. Nuestro cráneo
es más redondeado y el rostro más plano que en los adultos de nuestros
primos-hermanos chimpancé y gorila; nos parecemos a sus bebés y, de hecho,
mantenemos curiosidad y aprendizaje permanentes.
Las presiones selectivas que generaron nuestra neotenia
suelen explicarse como “internas”, debidas a nuestra complejidad social y
cognitiva. Nos resulta impensable que otra especie haya podido ejercer sobre
nosotros alguna presión que nos moldeara, así que optamos por el “yo me lo
guiso, yo me lo como” de quien se cree independiente del resto de la biosfera.
Tener aspecto infantil puede ser ventajoso para relacionarse con mamíferos más fuertes o dominantes que, en general, ignoran o tratan con mayor cuidado a sus crías, y reconocen a los bebés de otras especies. No solo a nosotros nos enternecen las crías de otras especies; hemos observado ampliamente cambios de comportamiento en animales, incluso salvajes, ante la presencia de crías ajenas. Un caso extremo de compasión por las crías ajenas es el de los lobos que han ayudado a sobrevivir a niños abandonados.
Cuando yo tenía entre 8 y 12 años traté a un pastor alemán llamado Hércules. Era fiero: perseguía y mataba de un bocado gatos y ratas; lo único que temía era a las tormentas. Se las ingeniaba para entrar en la casa —una vez atravesó el cristal de la puerta del patio— y se agazapaba bajo la mesa. Su dueño, viudo y sin hijos, lo azotaba sin compasión con una fusta para que saliera; Hércules, sin moverse, aguantaba y enseñaba los dientes. Pero toda esa fiereza se desvanecía cuando llegaban niños pequeños: se quedaba quieto, cabeza gacha, mientras dos o tres se le subían encima y le tiraban de orejas y cola.
Si los mamíferos no hubiéramos desarrollado compasión por
nuestros bebés —que necesitan cuidados especiales— la mortandad infantil no
habría permitido evolucionar con éxito a muchas especies. Las formas
redondeadas y la mirada ingenua generan oleadas de hormonas que rebajan la
agresividad e impulsan la protección. Por eso me inclino a pensar que la
adquisición de rasgos neoténicos pudo surgir por la presión de agresividad de
mamíferos más dominantes o peligrosos.
En humanos, el dimorfismo sexual es evidente. De forma
general, el sexo femenino es más pequeño, de estructura ósea más delgada y
presenta rasgos neoténicos más acusados: frente más alta y abombada, cejas
finas, mentón estrecho, piel suave y menos velluda. En conjunto, un aspecto más
parecido a bebés humanos que a cachorros de simios, mientras que el adulto masculino se asemeja más a un bebé de nuestros primos simios. Pero la mujer habría recibido una presión selectiva por la mayor fortaleza y agresividad del sexo masculino: las mujeres más parecidas a sus bebés sobrevivían más y transmitían sus genes a sus hijas. Los hombres, que cazaaban, podían matar
crías de otros simios cuando la necesidad apretaba antes que a sus propios hijos.
En el perro, su neotenia también pudo ser seleccionada por
la agresividad humana hacia ellos. Tener aspecto infantil actuó —y actúa— como
factor de selección positivo para ambas partes, además de otros factores
sociales y biológicos. Pero el hecho de que los hombres no presenten una
neotenia tan “bebé” como la de las mujeres y la cantidad de humanos y animales
que siguen muriendo a manos de hombres me inclina a pensar que la agresividad
tuvo también aquí un papel determinante. Todos somos potencialmente peligrosos,
pero las estadísticas son claras respecto hacia donde se inclina la balanza: mueren muchas más mujeres y niños a manos de
hombres que de otras mujeres.
¿Y si la ternura no es capricho sino escudo contra la
violencia? En la próxima entrada cerraremos el capítulo con los dilemas
éticos de la neotenia y por qué seguir pareciendo crías puede ser nuestra
mejor apuesta de futuro. Suscríbete y no te lo pierdas.
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