Cuando ser útil y querido no basta para escapar de la injusticia
Si a la minusvaloración de los animales domésticos se añade la perspectiva de “especie invasora”, ya podemos imaginar todo lo que le va a caer encima al pobre incauto que sea calificado como doméstico e invasor. Este ha sido el caso del gato, el felino más abundante, el único realmente domesticado de la familia Felidae, que se adaptó a vivir en comunidad con nosotros y con el resto de especies que conforman los ecosistemas humanizados.
Además de los argumentos ya conocidos —carácter invasor, crecimiento rápido, “contaminación genética por hibridación” y zoonosis—, se añaden otros contra los gatos:
Gran capacidad de crecimiento poblacional.
Adaptación a una gran variedad de hábitats en los que pueden vivir asilvestrados.
Cazan todo tipo de pequeños animales, vertebrados e invertebrados: aves, mamíferos, peces, anfibios.
Están relacionados con una gran cantidad de extinciones, especialmente en islas.
En las ciudades forman colonias en parques o zonas periurbanas donde son alimentados; pero, por su carácter depredador, cazan igual, afectando a la fauna urbana.
El método “captura-esterilización-suelta” no disminuye el número de colonias; más bien atrae a nuevos individuos.
Con estos datos, se pide que sean eliminados de las leyes de protección animal y que los ayuntamientos dejen de permitir que “personas compasivas” los ayuden. También se insta a los dueños a impedir que sus gatos salgan de casa; de lo contrario, serán responsables de la pérdida de biodiversidad que causen sus animales.
Culpar al gato u opcionalmente a sus dueños de la pérdida de biodiversidad es una argucia mental que funciona para el individuo que señala a otros como culpables; pues así se descarga del peso de su responsabilidad como miembro de la especie que más ha transformado el planeta, porque los culpables o bien pertenecen a otra especie o bien a otra casta: la de los humanos despreciables e irresponsables. Estas acusaciones, por otra parte, demuestran un gran desconocimiento de la vida de estos felinos en libertad, del funcionamiento de la Naturaleza y las relaciones interespecíficas que las sostienen, y en especial de las que nos unen a los humanos con ellos. Por supuesto ven la viga en ojo ajeno… incapaces de aceptar que H. sapiens es una especie más.
Pero antes de analizar los argumentos en contra, conviene saber algo más sobre gatos y nuestras relaciones más antiguas…
¿Cómo pasó el gato de espantar ratones en los graneros a convertirse en el animal más señalado del planeta? En la próxima entrada analizaremos nuestra alianza del pasado para comprender mejor porqué se le acusa. Suscríbete y no te lo pierdas.
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