Gatos, brujas y peste negra
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
El Mensajero del Diablo
No es la primera vez que los gatos caen en desgracia a los
ojos de grupos humanos. La anterior fue cuando la Iglesia, mientras afianzaba
su poder por Europa, inició campañas para despojar de credibilidad a quienes
asistían a partos y curaban con hierbas, ungüentos y brebajes. Los
eclesiásticos sabían que la población aceptaría sus nuevas verdades si
conseguían despertar miedo y recelo hacia esas personas —en su mayoría mujeres
mayores pero también hombres y mujeres de diferentes edades— que servían de sostén en los momentos críticos.
Todos conocemos la historia de las brujas: una guerra sucia que
duró siglos. El primer proceso documentado por brujería, con acusación de pacto
con el diablo, fue en Irlanda entre 1324 y 1325. Su máxima expresión llegó en
el siglo XV con la bula papal Summis desiderantes affectibus (1484) que
legalizó la caza de brujas, y con el Malleus Maleficarum (1487). Este
manual —“El martillo de las brujas”—, escrito con apariencia racional por dos
inquisidores dominicos, afirmaba la realidad de las brujas y declaraba herejía
no creer en ellas; convertía en culpables tanto a las acusadas como a quienes
negaban que lo fueran. Introduciendo recelo, sospecha y temor, la Iglesia
desestabilizó las comunidades y estableció su “verdad” y su poder absoluto. A
partir de entonces se intensificaron las persecuciones contra brujas y contra
todo lo que les era amigo.
Los pequeños felinos que las acompañaban fueron relacionados
con el mal como mensajeros del diablo. También lo fueron lobos, serpientes,
cabras, búhos, murciélagos, sapos y cuervos, pero los gatos eran la especie
que más se asociaba con aquellas personas que la Iglesia quería anular. De
aquellos argumentos que hoy nos parecen irracionales han quedado ridículas
supersticiones sobre los gatos negros.
Desde perspectivas más ecológicas se ha relacionado la
persecución de los gatos —y su consiguiente descenso poblacional— con el
aumento de ratas que pudo ser la causa de la peste negra (1346-1353). Fuera
como fuere, en esa época los felinos ya formaban parte de los ecosistemas
humanizados desde hacía tiempo, por lo que un impacto sobre ellos debió
afectar, en alguna forma y medida, a su equilibrio.
La historia se repite sospechosamente aunque con otro argumento. En la próxima entrada veremos más detalles sobre su historia antigua. Suscríbete y no te lo pierdas.
Entrada anterior-> índice de contenido -> entrada siguiente ->
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Comentarios
Publicar un comentario