Bienvenida al blog / Prueba piloto

Bienvenidos al blog oficial de  Invasores y Conquistadores . Este espacio nace con una intención muy clara: compartir fragmentos de un ensayo que terminé hace meses y que actualmente busca editorial. No voy a desvelar aquí su estructura completa ni todos sus temas, pero sí quiero ofrecer algunos pasajes como muestra del tono, la mirada y el tipo de reflexión que lo atraviesa. La idea de abrir este blog surgió tras una reciente discusión sobre el papel de los gatos en la pérdida de biodiversidad. Aunque el libro no trata exclusivamente de ellos —aparecen solo en uno de sus dieciocho capítulos—, hay un capítulo sobre “Especies Domésticas” que ofrece una perspectiva no hegemónica sobre ellos dentro de la conservación de la biodiversidad. Por eso iré publicando, como prueba piloto, entradas semanales con extractos de ese capítulo. A través de las cuales podéis intuir parte del enfoque general del libro sin revelar el conjunto. Vuestras impresiones me ayudarán a saber si puede ser de in...

Idealizar lo salvaje: por qué la Naturaleza no es el paraíso terrenal

 El Edén no tiene servicio de urgencias

Idealizar lo salvaje es habitual en los humanos que nacimos en ciudades, donde hay una lucha constante contra la espontaneidad y la aleatoriedad de los procesos naturales y la mayor parte de la fauna es doméstica. La autosuficiencia y libertad de lo salvaje, en contraposición a la ordenación y dependencia de nuestras sociedades, es algo que todos añoramos en alguna forma y medida.
Pero, en ese mundo ideal, suceden cosas tan terribles como en cualquier otro lugar. Cosas que a muchos ciudadanos les harían entrar en pánico; porque, aunque en todos sitios se producen accidentes y muertes, allí no está todo planificado ni hay servicio de urgencias. El león —carnívoro estricto—, cuando se trata de comer, no se anda con modales ni compasión por las cebras o los ñús. Al elefante, nada le impide pisotear las raíces de antiguos árboles bajo sus 6 000 kg de peso, ni destrozar sus ramas y copas cuando le sube la testosterona en la época del must.
Tendemos a interpretar la realidad de forma polarizada, y a menudo solo vemos un polo o el contrario, sin apreciar todo lo que hay en medio y alrededor. La Vida es maravillosa, pero la Muerte siempre la acompaña; no son aspectos contrarios, sino que se complementan. La autosuficiencia y la libertad son importantes, pero mejor acompañadas por la ayuda mutua y la capacidad de trabajar con y para otros por un bien común.
Las especies altamente sociales, capaces de formar colonias de cientos de miles y millones de individuos, hemos encontrado una forma muy eficiente de vida que, por una parte, nos resta grados de libertad y autonomía; pero, por la otra, nos aporta una mayor estabilidad para la supervivencia. Una estabilidad de la que están privadas otras especies, siendo salvajes, autosuficientes y libres. Sin embargo, todo tiene unos límites, y nuestro éxito los está alcanzando.
La Naturaleza Salvaje es increíblemente hermosa, pero también terrible… Puede ser enormemente variada, fecunda y abundante, alimentarnos, rodearnos de aromas y placeres sensoriales, inspirarnos y henchirnos el alma. Pero también puede ser terriblemente uniforme, estéril, dolorosa y cruel. Si pudiera, un oso polar nos lo podría explicar, cuando las focas insisten en tener más suerte en escapar que él en atraparlas.
Un animal libre y salvaje, en plena juventud y fortaleza física, puede sufrir un tonto accidente que le impida procurarse el alimento. Si es una especie social, quizás pueda ser ayudado por otros, que le cederán una parte de su comida —por lo general más pequeña que la propia— e incluso le lamerán las heridas con intención de curarle y aliviarle. Pero, irremediablemente, se irá debilitando, le bajarán las defensas, se le infectarán las lesiones y acabará muriendo, entre terribles dolores, de forma prematura. Si no es social y no recibe ayuda, según la especie, puede sobrevivir más de un mes sin comer, hasta agotar sus últimas energías que, por ser joven y fuerte, son poderosas. Y, por ese motivo, lo llevarán a la muerte entre grandes sufrimientos.
Algunos zorros viejos o demasiado jóvenes que quedaron huérfanos, para calmar las garras del hambre, solo les queda pedir limosna plantándose delante de los humanos compasivos que se internan por sus territorios agrestes. Los osos pardos, especialmente las hembras cuando tienen crías que amamantar, conscientes de la abundancia que envuelve a los humanos, mendigan o roban comida de merenderos y basureros. Otro tanto hacen los jabalíes y los monos, allí donde sus territorios son también los nuestros o coinciden en sus límites. Y, por supuesto, miríadas de aves acuden a nuestros vertederos, desde cigüeñas a gaviotas, córvidos, y un sinfín de especies animales.
Muchos piensan que no se debe alimentar a otras especies y que es repugnante que malvivan de nuestros desperdicios; que es malo para su salud y perderán la capacidad de alimentarse en la Naturaleza, donde «siempre hay comida sana y abundante para ellos». Es una bonita idealización la de la Naturaleza abundante, pero lo cierto es que no siempre se encuentra comida en suficiente cantidad y con el valor energético adecuado. Los restos medio comidos y sucios de los humanos son un asco a nuestros ojos, pero contienen grasas, azúcares y carbohidratos en altas cantidades.
La Naturaleza salvaje no es el jardín del Edén, donde todo lo que se necesita se obtiene paseando tranquilamente y tomándolo de los árboles. Las plantas angiospermas no dan frutos en todas las épocas del año y las presas no están esperando al carnívoro hambriento para ser consumidas. En la Naturaleza los ciclos de abundancia y escasez se superponen constantemente con las estaciones, la meteorología, la fertilidad del suelo y otros ciclos de diversa duración. Y no es raro que los de escasez duren más de lo que los animales pueden aguantar.
Pretender que los humanos no interfieran con el resto de los animales es totalmente imposible. Ninguna especie puede vivir aislada del resto. Miles de millones de seres de todas las especies pasan necesidad y hambre cada día en el mundo… Incluso en las ricas y modernas ciudades, individuos de nuestra especie piden limosna y duermen en las calles. Mientras, otros sufren terribles enfermedades y muertes violentas, como el resto de los animales, pese a todos nuestros avances tecnológicos. La vida no es fácil para nadie y para unos es mucho más difícil que para otros.
Los animales salvajes son la viva añoranza de la vida que nosotros disfrutamos en el pasado no civilizado. Y, como el exiliado o el emigrante, desde la distancia solo vemos los aspectos positivos de lo que dejamos atrás; hasta el punto de sentir que aquel lejano hogar fue lo mejor del mundo. Y sí, posiblemente lo fue, pero no porque fuera perfecto e ideal, sino porque se mantenía integrado en las dinámicas naturales sin alterarlas hasta el extremo actual.
Muchas personas que han vivido hasta hace poco, relativamente, en la Naturaleza Salvaje o la tienen más cerca, al tener más presentes sus aspectos negativos o inconvenientes, suelen idealizarla en sentido negativo. Minusvaloran a la fauna salvaje de su entorno, criminalizan a los que pueden ser competencia para sus animales domésticos y para ellos mismos, y desprecian algunos de los valores naturales que los rodean. Al mismo tiempo, no es raro que idealicen la frenética y asfixiante vida en las ciudades, su ensordecedor bullicio y sus luces de colores que atraen a los humanos, como moscas, a los escaparates. Por supuesto, no todas las personas responden a estos patrones… pero sí son tendencias que podemos observar de forma general.
Algunos de los que idealizan a los animales salvajes, tristemente, menosprecian a los animales domésticos y, para hacerlo, esgrimen variados argumentos:
  • Hibridan con la especie salvaje contaminándola.
  • Transmiten enfermedades a las especies salvajes y los humanos.
  • Son creaciones nuestras.
  • Los hemos vuelto neoténicos (infantiles).
  • No pueden volver a la Naturaleza pues dependen de nosotros, ya no saben alimentarse por sí mismos y morirán.
  • No pertenecen al medio natural y no pueden realizar una función en los ecosistemas.
A lo largo de las próximas entradas iremos desmontando esos argumentos. Pero veamos ahora qué es una especie doméstica, aunque nos parezca obvio; quizás nos llevemos alguna que otra sorpresa.

¿Estás seguro de que lo doméstico es solo un error humano sin función ecológica? La próxima entrada empezamos a desmontar el mito. Suscríbete y no te lo pierdas.

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Comentarios

  1. Idealizar la naturaleza salvaje es algo habitual y además lógico, por una parte es espectacular por otra los ecosistemas realizan las funciones necesarias para el automantenimiento de la biosfera

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    1. Desde luego que es maravillosa y sus funciones imprescindibles; pero la idealización nos lleva a alejarnos de la realidad, especialmente cuando somos jóvenes, formándonos una imagen más cercana al imaginario jardín del Edén. Y por esa tendencia a polarizarnos, al idealizar lo salvaje muchos acaban minusvalorando a lo doméstico. También interviene en esto último, diferentes aspectos de la psicología humana que nos llevan a menospreciar lo más cercano y conocido y a valorar lo más raro, lejano o desconocido.

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  2. sebastianmartinezberta@gmail.com12/12/25, 21:59

    Me parece muy interesante que no se trate de idealizar lo salvaje y menospreciar lo doméstico sino de valorar las diferentes funciones de unos y otros…

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  3. Eso es, debemos valorar y respetar
    Las diferentes especies tanto salvajes como doméstica, pero es humano idealizar, o sobrevalorar por desconocimiento. En mi humilde opinión cuando el ser humano tiende hacia un extremo, creo que es por falta de conocimiento e información.. De todos modos, cuanto más me acerco a la vida salvaje más me fascina.

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    1. Gracias por tu comentario. Es cierto, la vida salvaje es fascinante, y no podemos sentir la misma fascinación por todo..… pero, como bien dices, sí valorarlo y respetar la naturaleza en todas sus expresiones porque todos lo seres vivos somos Naturaleza. Por otra parte, la línea entre lo salvaje y lo doméstico puede llegar a ser tan fina que a menudo se desdibuja… pero eso lo veremos más adelante

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  4. Saludos Nuria. Al habla Carlinhos Martín, el seudónimo es de un antiguo blog de escritura que tenía por ahí aparcado. Acabo de ponerme con la lectura de esta la primera entrada, bueno, la segunda tras la introducción. Lo tenía en mi lista de tareas. Solo puntualizar una cosa. A veces solo tenemos la perspectiva personal y la propia experiencia a la hora de valorar la realidad. En el caso de la dicotomía mundo rural/mundo urbanita, totalmente falsa y artificial puesto que la inmensa mayoría de los habitantes de ciudades provienen del mundo rural y siguen llegando. En este caso a nivel global. De acuerdo en que los que vivimos en entornos no urbanos, no digo naturales porque están en su mayor extensión totalmente humanizados. De acuerdo, como digo en que solemos ver más de cerca los aspectos negativo y aunque algunos añoramos un "rewilding" aunque sea parcial, estamos lejos de idealizar nada. De hecho yo soy muy crítico con las personas que se han adueñado del Medio aprovechando el abandono masivo y que hacen de los territorios sus cotos privados y nunca mejor dicho. Dicho lo cual, seguiré con la lectura de las sucesivas entradas con interés aunque con retraso. Y aclarar que soy observador, escuchante, lector y opinante. Nunca experto en nada. Saludos

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    1. Hola! Pues espero que aún tengas activo ese blog para poder echarle un ojo…. Y respecto a la falsedad de la dicotomía entre mundo urbano y rural, todo depende en donde coloquemos nuestros puntos de referencia, yo lo sitúo en los extremos: al comparar entre grandes ciudades cuando alcanzan poblaciones humanas muy grandes y, en consecuencia, una gran pérdidas de biodiversidad y pequeñas poblaciones rurales que aún viven de sus animales domésticos. Si nos fijamos los movimientos ecologistas y animalistas fueron apareciendo primero en las ciudades de los países más industrializados… por aquello de que no valoramos lo que es importante hasta que lo perdemos o nos falta. Y si nos fijamos en quienes se oponen más a la protección de especies salvajes vemos que es, precisamente, donde hay más personas que dependen directamente del ganado. Pero lo que tiene hablar de tendencias generales es que en muchísimos casos individuales no se cumplen. Respecto a tener solo la propia perspectiva y experiencia para valorar la realidad… podría parecerlo en aquellas personas que nos mantenemos más al margen de muchas cosas… pero somos animales sociales en la sociedad de la información… quizás solo tenemos un punto de vista menos mayoritario, pero seguro que coincidimos con algunos otros al menos en algunos aspectos. Idealizar lo salvaje es algo que yo también hago… si hay que idealizar y reverenciar algo… nada me parece mejor! Pero, como pasa con todo, en no pocas ocasiones acabamos imaginando algo que no existe. Algunas creyendo que en lo salvaje los animales viven en un jardín del Edén donde todo es abundancia, belleza y felicidad… y, otros, lo que es peor aún, despreciando e incluso odiando a otros seres vivos, como a los animales domésticos y a los llamados “invasores”. Si nos hacemos conscientes de esas tendencias humanas, quizás, y digo solo quizás, podamos evitar cometer atropellos y barbaridades sobre lo que no es objeto de nuestra idealización. Yo tampoco soy experta de nada, solo una amante de los seres vivos y la Naturaleza, como tú ☺️. Gracias por comentar.

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