¿Qué es una especie doméstica? La clave está en el hogar
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Domesticar no es domar: la alianza que empezó hace miles de años
¿Qué es una especie doméstica? Lo habitual es responder: animales criados, cuidados y adaptados por los humanos para nuestro beneficio. Así resume la mayoría de los libros y diccionarios, pero la frase esconde un prejuicio: creemos que la domesticación se produce es una sola dirección, por una acción exclusivamente humana, voluntaria y dirigida. Pero ¿seguro que es así? Empecemos por desarmar la palabra.
Domesticar lleva la raíz -domo, del griego “domos”, casa. Y aunque comparte esa raíz con “domar” y “dominar”, no significan lo mismo. Domar y
dominar suponen una imposición por la fuerza y astucia; domesticar implica entrar en la casa,
adaptarse a un espacio no solo diferente también reducido, dónde se debe convivir con otras especies bajo el mismo techo. La diferencia se
ve con claridad en los grandes felinos: puedes domar a un tigre, incluso
establecer cierta complicidad, pero nunca se domesticará. En cuanto
desaparezca la presión, recuperará sus hábitos. Por sus características necesita territorios amplios y ser el amo y señor de su existencia.
Para que un animal se considere doméstico debe mostrar algunos cambios
genéticos, morfológicos y conductuales respecto a su ancestro salvaje. No
basta con nacer en cautividad ni con aceptar croquetas: su reproducción, dieta,
comportamientos y, a menudo, su aspecto, han variado.
Muchas especies exóticas que se venden como “mascotas” son
animales salvajes no domésticos. Sin esas adaptaciones a lo doméstico, se verán sometidos a una gran cantidad de estrés, que se puede traducir en
movimientos repetitivos llamados estereotipias, apatía, depresión, agresividad
y enfermedades.
Transformarse en animal doméstico exige tiempo. Aunque no se conoce la cifra exacta de especies domésticas a nivel mundial, las cifras que se manejan son tan solo de decenas. Se considera que la mayoría iniciaron ese camino alrededor de hace unos 12 000 años; el
lobo lo hizo mucho antes, el gato algo después. El proceso necesita, además de
generaciones, cierto carácter de base: sociabilidad, tolerancia a la cercanía
de otras especies, alimentación flexible y ciclos reproductivos en condiciones
adversas.
De ahí que solo un puñado de animales hayan cruzado la
línea. Una cifra ridícula si la comparamos con los millones de especies que
existen. Si domesticar fuera solo un acto de voluntad humana, ya tendríamos parques
urbanos llenos de un sinfín de especies domésticas, dispuestas a ser
acariciadas. Pero no es así: la puerta a la domesticación se abre desde
dentro.
Ya lo dijo Darwin:
El hombre apenas puede seleccionar o sólo puede hacerlo con mucha dificultad, alguna variación de conformación, excepto las que son exteriormente visibles, y realmente rara vez se preocupa por lo que es interno. El Origen de las Especies por Selección Natural. Charles Darwin
Es decir, la domesticación (o selección artificial), consiste en seleccionar. Pero para ello primero lo tenemos que ver, percibir, valorar; debe ser una característica, física o de comportamiento que ya posee la especie en su acervo genético. Como, por ejemplo, un carácter más bien tranquilo o amable, necesario para convivir en sociedad.
En la próxima entrada hablaremos sobre "selección artificial"
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