Bienvenida al blog / Prueba piloto

Bienvenidos al blog oficial de  Invasores y Conquistadores . Este espacio nace con una intención muy clara: compartir fragmentos de un ensayo que terminé hace meses y que actualmente busca editorial. No voy a desvelar aquí su estructura completa ni todos sus temas, pero sí quiero ofrecer algunos pasajes como muestra del tono, la mirada y el tipo de reflexión que lo atraviesa. La idea de abrir este blog surgió tras una reciente discusión sobre el papel de los gatos en la pérdida de biodiversidad. Aunque el libro no trata exclusivamente de ellos —aparecen solo en uno de sus dieciocho capítulos—, hay un capítulo sobre “Especies Domésticas” que ofrece una perspectiva no hegemónica sobre ellos dentro de la conservación de la biodiversidad. Por eso iré publicando, como prueba piloto, entradas semanales con extractos de ese capítulo. A través de las cuales podéis intuir parte del enfoque general del libro sin revelar el conjunto. Vuestras impresiones me ayudarán a saber si puede ser de in...

¿Qué es una especie doméstica? La clave está en el hogar

 Domesticar no es domar: la alianza que empezó hace miles de años

¿Qué es una especie doméstica? Lo habitual es responder: animales criados, cuidados y adaptados por los humanos para nuestro beneficio. Así resume la mayoría de los libros y diccionarios, pero la frase esconde un prejuicio: creemos que la domesticación se produce es una sola dirección, por una acción exclusivamente humana, voluntaria y dirigida. Pero ¿seguro que es así? Empecemos por desarmar la palabra.

Domesticar lleva la raíz -domo, del griego “domos”, casa. Y aunque comparte esa raíz con “domar” y “dominar”, no significan lo mismo. Domar y dominar suponen una imposición por la fuerza y astucia; domesticar implica entrar en la casa, adaptarse a un espacio no solo diferente también reducido, dónde se debe convivir con otras especies bajo el mismo techo. La diferencia se ve con claridad en los grandes felinos: puedes domar a un tigre, incluso establecer cierta complicidad, pero nunca se domesticará. En cuanto desaparezca la presión, recuperará sus hábitos. Por sus características necesita territorios amplios y ser el amo y señor de su existencia.

Para que un animal se considere doméstico debe mostrar algunos cambios genéticos, morfológicos y conductuales respecto a su ancestro salvaje. No basta con nacer en cautividad ni con aceptar croquetas: su reproducción, dieta, comportamientos y, a menudo, su aspecto, han variado.

Muchas especies exóticas que se venden como “mascotas” son animales salvajes no domésticos. Sin esas adaptaciones a lo doméstico, se verán sometidos a una gran cantidad de estrés, que se puede traducir en movimientos repetitivos llamados estereotipias, apatía, depresión, agresividad y enfermedades.

Transformarse en animal doméstico exige tiempo.  Aunque no se conoce la cifra exacta de especies domésticas a nivel mundial, las cifras que se manejan son tan solo de decenas. Se considera que la mayoría iniciaron ese camino alrededor de hace unos 12 000 años; el lobo lo hizo mucho antes, el gato algo después. El proceso necesita, además de generaciones, cierto carácter de base: sociabilidad, tolerancia a la cercanía de otras especies, alimentación flexible y ciclos reproductivos en condiciones adversas.

De ahí que solo un puñado de animales hayan cruzado la línea. Una cifra ridícula si la comparamos con los millones de especies que existen. Si domesticar fuera solo un acto de voluntad humana, ya tendríamos parques urbanos llenos de un sinfín de especies domésticas, dispuestas a ser acariciadas. Pero no es así: la puerta a la domesticación se abre desde dentro.

Ya lo dijo Darwin: 

El hombre apenas puede seleccionar o sólo puede hacerlo con mucha dificultad, alguna variación de conformación, excepto las que son exteriormente visibles, y realmente rara vez se preocupa por lo que es interno. El Origen de las Especies por Selección Natural. Charles Darwin

Es decir, la domesticación (o selección artificial), consiste en seleccionar. Pero para ello primero lo tenemos que ver, percibir, valorar; debe ser una característica, física o de comportamiento que ya posee la especie en su acervo genético. Como, por ejemplo, un carácter más bien tranquilo o amable, necesario para convivir en sociedad.

En la próxima entrada hablaremos sobre "selección artificial"


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