Se adaptan a una gran variedad de hábitats, incluso pueden vivir asilvestrados en muchos de ellos.
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El título de la entrada es otro de los argumentos sobre el impacto de los gatos en la vida silvestre, que vamos a analizar aquí.
Adaptación de los gatos a distintos hábitats y su vida asilvestrada: una mirada realista
Los gatos domésticos son animales muy adaptables. A lo largo de su historia, han logrado vivir en una gran variedad de hábitats, desde casas y jardines hasta zonas periurbanas y semi-naturales. Esta capacidad de adaptación es una ventaja evolutiva que les ha permitido expandirse globalmente junto con los humanos y otras especies, como ya decíamos en el anterior post.
Una faceta interesante de esta adaptación es que los gatos pueden vivir asilvestrados, es decir, pueden llevar un estilo de vida más independiente y menos ligado al control humano. Sin embargo, pese a esta mayor autonomía en comparación de los que viven en casas, dependen en gran medida de la cercanía a humanos y sus recursos.
Por ejemplo, aunque los gatos asilvestrados pueden internarse lejos de las urbes y pasar semanas en entornos naturales, no se ha documentado la existencia de poblaciones permanentes en zonas completamente salvajes y alejadas de asentamientos humanos. En áreas montañosas como los Pirineos o los Picos de Europa, los gatos se encuentran en pueblos e incluso en zonas más aisladas y lejanas como casas aisladas y refugios de montaña, pero nunca sin una presencia humana estable por pequeña que esta sea. Sin esta no consiguen consolidar poblaciones estables
Comparados con felinos salvajes como el gato montés, los gatos asilvestrados están en desventaja, probablemente por su pasado doméstico, como menor velocidad y capacidad de salto, que necesariamente debe repercutir en un menor éxito en la caza. Probablemente este sea el motivo de que, pese a su instinto cazador, dependen en gran parte de lo que encuentran cerca de los humanos para sobrevivir.
En definitiva, la gran capacidad de adaptación de los gatos y su facultad para vivir asilvestrados reflejan su versatilidad biológica. Pero su independencia total aún no se ha consolidado, y probablemente solo lo hará por causas mayores como la desaparición de su fuente principal de alimento, es decir nuestra especie. Para llegar a recuperar su adaptación plena a la vida salvaje probablemente necesitarían un largo tiempo, durante el cual se producirían ciertos ajustes genéticos microevolutivos, similar al que necesitaron para llegar a ser domésticos.
Su impacto en ecosistemas naturales alejados de la actividad humana es mucho menor de lo que a menudo se piensa, la lógica y los datos señalan que despreciable, por todo lo expuesto. Debido a que los gatos salvajes como el montés también tienen una baja densidad en la península, difícilmente, entre ambas especies pueden suponer un impacto significativo en la biodiversidad en espacios salvajes. En otros territorios dónde no hay gatos salvajes, el doméstico asilvestrado, puede realizar un función ecológica similar a la del salvaje aunque de menor alcance si no consigue formar poblaciones estables.
Por último, los gatos son presas de otros depredadores, como grandes mamíferos e incluso aves como el búho real y el águila real. Y estos no hacen diferencias entre silvestres y salvajes. Antes al contrario, el gato asilvestrado, por sus características domésticas, es una presa más fácil. Conocer esta realidad es clave para entender su papel en los diferentes ambientes que habitan.
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